Danza, gastronomía y lengua: la riqueza con la que otomíes preservan su identidad en Michoacán

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Vía La Voz de Michoacán

Zitácuaro, Michoacán.- A través de las danzas, la gastronomía, la lengua y sus tradiciones es como la comunidad indígena de San Felipe de los Alzati busca rescatar y preservar su identidad como pueblo originario.

Pese a que es el lugar más importante de la cultura otomí en el estado de Michoacán, la localidad no es considerada oficialmente como un pueblo originario.

De acuerdo con los pobladores, los habitantes cada vez se han interesado menos en conservar y difundir su tradición y cultura, debido a que son víctimas de burlas y discriminación.

Estudios de las autoridades estatales en la materia muestran que entre los principales problemas que enfrentan los pueblos indígenas del oriente michoacano se encuentran la tala clandestina de los recursos forestales de las comunidades indígenas.

Además, se enfrentan a la discriminación, a la inseguridad y a constantes amenazas por parte de la delincuencia organizada contra las autoridades indígenas y la población.

Foto: El Universal. Su base alimentaria está compuesta por maíz, hierbas, frutas y semillas.

Otras de las adversidades que tienen son la falta de proyectos de producción para el desarrollo con sustentabilidad y de espacios para la comercialización de los productos artesanales.

La pérdida de las lenguas y de los elementos de las culturas indígenas mazahua y otomí, así como la marginación de comunidades en áreas serranas sin servicio de luz, agua y medios de comunicación, son otros de los retos que enfrentan.

El diagnóstico muestra que los indígenas de esa región padecen la falta de acceso a servicios de salud y de educación en las comunidades.

También problemas como el desempleo y la migración hacia las ciudades de la región, así como al extranjero, y la falta de apoyo para la revitalización de sus culturas y saberes indígenas han mermado las tradiciones.

Conservación

Los habitantes de esa comunidad, ubicada a 147 kilómetros de la capital michoacana, tienen como principal objetivo lograr la conservación de su identidad como indígenas.

Para ello iniciaron una serie de acciones encaminadas a difundir sus tradiciones, su gastronomía, sus artesanías, sus danzas y su lengua.

Vestidas con sus trajes típicos elaborados a mano en satín brocado, las mujeres enaltecen sus tradiciones.

Los hombres hacen gala de su cultura ataviados en manta.

Foto: El Universal. Todos los alimentos que consumen son producidos en la comunidad.

Se levantan desde que se asoma el sol y empiezan con la preparación de alimentos que ofrecen para su degustación a visitantes nacionales y extranjeros en una muestra gastronómica.

Los platillos son exhibidos en el atrio de la iglesia, el aroma del sazón inunda a la comunidad y a sus alrededores.

Desde el manjar de borrego, el agua de pasiflora, las corundas, las tortillas hechas a mano, el atole de diferentes sabores, el dulce de capulín y hasta el caldo amarillo son preparados con productos de la región.

En el caso específico del caldo amarillo, su etapa de elaboración le lleva varios días a las mujeres indígenas, puesto que más que un platillo es un ritual ancestral: el suculento caldo de verduras y carne de res lleva un toque de azafrán, el cual es conseguido en los lugares más recónditos de la sierra mazahua-otomí.

Una sola persona está autorizada para ir a cosecharlo. Para ello tiene que enfrentarse a los peligros de la naturaleza y, al llegar al lugar, pedir permiso a los dioses.

Foto: El Universal. En el pueblo se monta una feria para mostrar tradiciones como la comida.

El caldo amarillo sólo se sirve en fechas muy especiales y es preparado para todo el pueblo, porque nadie se queda sin probarlo. Es una tradición, explican las cocineras.

Todo es montado y servido en vajillas de barro, elaboradas artesanalmente por mujeres, hombres y niños indígenas, quienes ven en esa actividad una forma de subsistir.

Las desgastadas, pero finas, manos de los artesanos al moldear cada pieza son otro distintivo de esa cultura otomí, creyente del catolicismo y los elementos del universo.

Marisela Martínez Serrano, habitante de esa comunidad y promotora cultural, destaca lo que han hecho los habitantes para conservar su identidad como pueblo indígena.

Todavía conservamos viva nuestra cultura alimentaria y, a pesar de incluir ingredientes o técnicas nuevas, todavía tenemos como base lo que nos heredaron [los abuelos]», explica.

Señala que su base alimentaria está compuesta por el maíz, hierbas, frutas, semillas y verduras, e incluso animales del campo, pero todo es producido dentro de la comunidad.

Martínez Serrano precisa que como mujeres indígenas buscan que a través de diferentes actividades, como la cocina tradicional, se den a conocer a todo el mundo sus raíces culturales.

Todas estamos trabajando para que se conserve nuestra identidad, nuestra lengua, indumentaria, gastronomía, música y danza», resalta.

Al rescate de su lengua

Gerardo Silverio Santiago, jefe de Tenencia de San Felipe de los Alzati, explica que una de las razones por la que no son catalogados como pueblo originario es porque se ha perdido su lengua originaria: el otomí.

Además de otros factores de identidad que no habían sido difundidos y potencializados para que los habitantes y el resto del país conozcan su cultura y tradiciones.

Recuerda que para ello, hace dos años, en un hecho sin precedentes, se instaló en la localidad el primer Comité Ciudadano para el Desarrollo Integral de la comunidad indígena de San Felipe de los Alzati.

Silverio Santiago precisa que la finalidad es convertir a San Felipe en una comunidad modelo en la que se cumplan cuatro ejes: integración, exploración de los recursos naturales, así como el mantenimiento y la conservación de sus usos y costumbres.

Que se vean reflejados en la legislación, para que podamos acceder a recursos y a un mejor desarrollo, porque no se nos reconoce como una comunidad indígena», menciona.

Explica que San Felipe de los Alzati tiene actualmente 9 mil habitantes, de los cuales tres de cada 10 son adultos, y el resto son jóvenes.

De ahí que, expone, la importancia de recuperar su lengua nativa, puesto que incluso habitantes de los municipios aledaños se han mostrado interesados en aprender a hablarla.

«Sin embargo, me siento muy satisfecho, porque con las acciones que se realizan 50% de los habitantes hablan de lleno la lengua otomí», sostiene Silverio Santiago.

Foto: El Universal. De acuerdo con los pobladores, algunos vecinos se interesan cada vez menos en conservar su cultura porque dicen que son discriminados.

Expone que, si bien no todos hablan de lleno el idioma, esos cerca de 4 mil 500 habitantes ya lo comprenden.

Dice que para llegar a más pobladores, lograron que se abriera un diplomado en la Universidad Intercultural Indígena, de lengua mazahua-otomí.

La intención es seguir preservando la lengua otomí, pero sobre todo darle ese flujo que se necesita y que se ha venido perdiendo, y ésta es una de las primeras acciones», asegura.

Para dar a conocer que no sólo se canta en inglés o en español, el pasado 10 de agosto tuvo lugar, por primera vez en la comunidad un festival de rock en lenguas originarias.

«Es el primer festival de rock que se realiza en el marco del Día Internacional de los Pueblos Originarios, en esta zona otomí», señala.

Detalla que en este festival participaron agrupaciones musicales de Veracruz, Chiapas, Oaxaca, de la Meseta Purépecha de Michoacán y de San Felipe de los Alzati.

Agrega que es un encuentro de culturas en el que se tuvieron la oportunidad de exponer su gastronomía, alfarería, artesanías y danzas del país.

Silverio Santiago anuncia que, además del rescate de la gastronomía, la artesanía y el dialecto, realizarán otras actividades en los temas de cultura y monumentos históricos.

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