Dumplin’, la comedia de Netflix que reivindica tener rollitos y no el cuerpo de Jennifer Aniston

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Por Ernesto William

El cine de Hollywood ha dedicado incontables historias a reivindicar la belleza interior, esa que no solamente es mucho más valorable, significativa y duradera, sino que además está al alcance de todos.

Este tipo de películas suelen ser desestimadas o menospreciadas, quizá porque se trata de una verdad que casi todo el mundo acepta o ve como razonable y deseable en la teoría (la dificultad está en la práctica, en el resistir el bombardeo, la seducción y el deseo que proyecta la belleza física) y nadie quiere ser sermoneado al respecto.

Pero también son (pre) juzgadas como tonterías para chicas, o consideradas demasiado agradables, un pecado que no puede cometer el arte (feel good moviedicen en inglés un poco despectivamente); otras veces se señalan sus clichés y su sentimentalismo, o que son muy predecibles.

No hay que olvidar que además son historias surgidas, creadas y difundidas en una industria que se caracteriza entre otras cosas por ofrecer como uno de sus productos más destacados y valiosos la otra belleza, esa más evidente e inmediata pero también más inalcanzable, exclusiva de sus celebridades más populares y que el resto del mundo solo puede soñar, o a lo sumo aproximarse.

La belleza de celebridades como Jennifer Aniston, que protagoniza una nueva comedia dramática de Netflix titulada Dumplin’, y es una de estas películas. Una sobre la belleza interior.

Aunque quizá sea algo diferente.

Un concurso de belleza interior

Para empezar, Jennifer Aniston en la película hace, en cierto modo, de Jennifer Aniston. Es decir: de símbolo de belleza, de esa belleza que se puede juzgar y evaluar en concursos.

Su personaje, Rosie, fue de joven la reina de los certámenes de belleza, y ahora es una especie de celebridad en su pequeño pueblo de Texas, que continúa con la tradición de los concursos, ahora organizándolos.

Nadie puede creer que Will, interpretada por Danielle Macdonald, sea su hija.

Will es rellenita y no cumple con los estándares que un jurado de un certamen de belleza premiaría. Su madre la llama cariñosamente Dumplin’, «bollo relleno».

No puede faltar la parte inspiracional: Will es una adolescente y como toda adolescente quiere darle la contra a su madre. Así que decide presentarse a su concurso de belleza, aunque no cumple con los requisitos más básicos (¿ser flaca es un requisito o simplemente una convención?).

También estará la parte de más pura comedia (¿dijimos que eran historias predecibles?): la cruzada de Will crecerá y se convertirá en una revolución cuando otras chicas, que no cumplen con los estándares tradicionales de belleza, se sumen al certamen siguiendo sus pasos, alterándolo por completo.

Sabemos que Will triunfará en su misión y que su madre aprenderá la lesión: que la verdadera belleza no se puede evaluar ni puntuar.

Sabemos que será conmovedora la parte en que finalmente muestre sus talentos y su verdadera belleza y su gracia, en un certamen diseñado desde tiempos antiguos para premiar justamente todo lo que Will no es.

Pero predecible no necesariamente es malo. Es una película que a juzgar por las reacciones de la crítica resulta divertida, inspiradora y emotiva.

Dumplin’ parece cumplir exactamente con la promesa de una feel good movie: es agradable y nos hace sentir bien. ¿Y qué hay de malo en eso?

Vía POP

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