El Búho Sonriente: El Huésped

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Por Linette Cozaya

¡Hola a todos! En esta ocasión traigo una reseña/opinión de un libro que, les aviso, detesté con todo mi ser. Hace algunos años escribía una columna de este estilo, sobre libros, para una renombrada revista: Pasando Lista. No se crean, era un proyecto de la universidad que todos pensamos que sobreviviría al finalizar la materia, pero no. Mi columna se llamaba El Búho Sonriente, en honor a mi abuelita paterna, y con ella pretendía despertar interés por los libros de los que escribía, por lo tanto, escogía siempre de mis favoritos. Pueden leer esas “columnas” dando click aquí. Tomen en cuenta que estaba chiquita, no las he vuelto a leer y las odio 

El libro de hoy es uno que tuve que leer para mi clase de Figura Femenina en el Siglo XX: El huésped, de Guadalupe Nettel. La autora está cañona: es una mexicana ganadora del Prix de la Meilleure Nouvelle en Langue Française para países no francófonos de Radio France Internationale; colaboró con varias revistas francófonos e hispanoparlantes; tiene un doctorado en literatura que estudió en París; y El huésped fue su primera novela, que, además, publicó simultáneamente en castellano y francés. Conclusión: no soy nadie para hacer crítica de su obra, pero lo haré de todos modos.

No sabría ni cómo empezar a describir la historia, ya que, a mi parecer, pasan muchas cosas a lo largo de la novela. Primero vemos un poco de la niñez del personaje y más tarde nos adentra en el mundo en el que se desarrollará el resto de la historia, que aun así, tiene tantos detalles y acción que hasta el lector se cansa de ir y venir (¿o quizá soy muy perezosa?). El huésped es la historia de Ana, quien desde pequeña siente que tiene que compartir su cuerpo con un algo extraño al que llama La Cosa. En esta parte de la historia me imaginaba mil caminos que podía seguir la ficción: desde cosas paranormales hasta algo psicológico que la acongojara. Al final no supe y sigo sin saber qué caramba era La Cosa. Lo que sí sé es que Ana le temía, estaba segura que La Cosa la dominaría algún día, tomando posesión de su cuerpo y mente, haciendo entonces que Ana dejara de ser quien era para ser La Cosa. Ana luchaba para contrarrestarlo, aguantar siendo ella quien estuviera al mando lo más posible.

La Cosa, por supuesto, era algo maligno y hasta agresivo: a una niña en la escuela “…casi le arranca el cuello a mordidas…” (Nettel, pp. 21). Ana vive creyendo que fue La Cosa quien mató a su hermano menor. Eso me quitó mucho la paz a lo largo de la novela y esperé con paciencia a que se resolviera pero jamás se volvió a mencionar. Ana crece temiendo por su identidad, sintiéndose cada vez más débil ante eso que la poseía más y más con el paso del tiempo. Antes de terminar la primera parte de la novela, Ana descubre que La Cosa es ciega y nace en ella una tremenda fobia hacia las personas con esta discapacidad, que luego se transforma en determinación por aprender de ellos para poder combatir a La Cosa.

En la segunda parte Ana llega a un instituto de atención para ciegos donde ofrece leer para ellos. Conoce a El Cacho, un hombre sin pierna que usualmente huele mal, que le inquieta tanto que lo busca y termina por enseñarle su mundo: el subterráneo. Esta parte de la novela fue un portazo en la cara para las especulaciones que me había hecho sobre lo que pasaría, es inesperada. También sentí que a partir de ahí tuve que correr por toda la ciudad, ya que mucho se desarrolla en el metro y los personajes no paran de moverse. Me gusta la ciudad, me gusta viajar en metro, pero no suelo hacerlo en horas pico y procuro no ir a estaciones muy llenas porque no soy paciente y me estreso y engento en dos segundos. El huésped me trajo en metro por un buen rato, con muchísima gente y descripción de todos, incluyendo el olor. Ya se imaginarán entonces lo que lo odié. Cosa que está bastante bien, porque estuvo tan bien escrito que me asqueé y desesperé de estar allá abajo.

La historia en algún punto llegó a que ocurrieran cosas que jamás en la vida me hubiera imaginado que pasarían, dos en específico hicieron que me dieran arcadas. REAL. Leía estos pasajes con los ojos como platos, intentando no vomitar e intentando descifrar qué coño pensaba Ana para hacer esas cosas. Como ya se dieron cuenta, no odié la novela porque estuviera mal escrita o porque tuviera una mala historia, todo lo contrario: detesté lo real que la sentí y que no lograba comprender al personaje. No me identifiqué más que al principio, en la parte con el hermano menor, porque aunque viaje en metro, si está muy lleno prefiero caminar, y ésta mujer con los demás personajes, al contrario: se la vivían ahí dentro, porque LITERAL VIVÍAN AHÍ DENTRO. Perdón por gritarles.

Resumamos entonces lo que sí me gustó de la novela: lo visual que es, maneja unas descripciones increíbles y hace un retrato fiel a lo que es la Ciudad de México, su gente, sus calles, hasta su flora: “Junto la puerta, las jacarandas parecían desbordar de los árboles tiñendo la tarde con su intenso color lila, demasiado jovial para mi estado de ánimo.” (Nettel, pp. 69) Describe los olores como jamás había leído (porque no, no he leído El perfume) y me provocó el asco más grande que hubiese sentido a partir de una narración. Nettel es en verdad extraordinaria. Aunque no releería El huésped, porque no pretendo sentirme de nuevo así de infartada y asqueada, sí leeré algo más de esta grande escritora. Así que vayan, lean El huésped y por favor comenten si les gustó o no y por qué, me encantaría leer opiniones. Obvio lo hablamos en clase, aun así no me quedó claro por qué le había gustado a quienes así fue.

Gracias por leer, en serio comenten 🙂

xx linette

Bibliografía: Nettel, G. (2006). El huésped (1st ed.). México, D.F.: Editorial Anagrama, S.A.

Vía i am not a sad blogger

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