¡Comienza la fiesta de la música!

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Por Edgar Alejandro Calderón Alcántar

La Orquesta Sinfónica de Yucatán inauguró las actividades estelares de la 28 edición del Festival de Música de Morelia “Miguel Bernal Jiménez” con un programa musical muy atractivo, la cita fue en el Teatro Morelos de la capital michoacana a las 20:30 horas. Como es ya buena costumbre, la organización del Festival de Música de Morelia agasajó y recibió a la audiencia con una luminosa alfombra roja, instalada en la explanada que conduce a la entrada del teatro, cuyas decoraciones alusivas a la música invitaban al público asistente a guardar alguna memoria fotográfica que evidenciara su asistencia al concierto inaugural.

Luego de la ceremonia protocolaria se abrió el telón, y tomó lugar en el escenario la Orquesta Sinfónica de Yucatán, bajo la batuta del reconocido director Juan Carlos Lomónaco, agrupación que se presentó por primera ocasión en este festival. El programa inició con gran intensidad, impulsada por la obra Ficciones, del notable compositor mexicano Mario Lavista (1943). Esta pieza orquestal fue escrita entre los meses de mayo y junio de 1980, dedicada a Juan Vicente Melo (1932-1996), una de las figuras intelectuales más representativas en el ámbito artístico mexicano de la segunda mitad del siglo XX.

Como atestigua el propio compositor, el título Ficciones debe su inspiración a la obra de homónima del escritor Jorge Luis Borges (1899-1986), sin que por ello el discurso musical despliegue procesos programáticos. Esta obra manifiesta el interés de Lavista por la riqueza tímbrica mediante una dotación sinfónica en la cual se hacen presentes todas las familias de instrumentos.

Así, cada sección temática se construye en base a recursos e instrumentaciones específicos, que llaman la atención del público tanto auditiva como visualmente, por ejemplo: los violentos pizzicatti ejecutados por los contrabajos en los primeros compases; o los glissandi en las cuerdas funcionando estratégicamente como cimiento sonoro de las texturas melódicas de las maderas y metales, en la segunda sección; sin dejar de mencionar los pasajes centrales en que toman un papel protagónico instrumentos como el arpa, el piano, el xilófono y el vibráfono, etc. Indudablemente, la parte más emotiva del programa fue el Concierto para violín en Re menor, Op. 47 del compositor finlandés Jean Sibelius (1865-1957) magistralmente interpretado por la joven violinista de origen ruso Elena Mikhailova.

Este concierto es uno de los más representativos del repertorio violinístico, debido a la fuerte complejidad técnica que demanda al solista durante los tres movimientos que los constituyen. Esta obra sugiere alguna filiación folclórica en los contornos melódicos del primer tema, pero siempre estilizados y gradualmente transformados por el virtuosismo, en la parte solista, que se desarrolla a su máxima expresión.

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Todos los que tuvimos el privilegio de asistir a este concierto disfrutamos de las tremendas facultades musicales que posee Elena Mikhailova conjugadas singularmente en la belleza del sonido, su perfecta afinación y musicalidad presentes aún en los pasajes de mayor complejidad en los que se juntaban la velocidad de arpegios y escalas en cuerdas dobles, y que resolvió con impresionante naturalidad.

Por tales razones, al concluir la obra de Sibelius, el público cobijó a la intérprete con una insistente ola de aplausos, por lo que generosamente (a manera de encore) Mikhailova nos obsequió su versión de Asturias, del legendario compositor español Isaac Albéniz (1860- 1909), obra escrita originalmente para piano, pero su adaptación para guitarra clásica le ha conferido una extraordinaria vigencia y popularidad universal. El arreglo de Asturias para violín solo, fue interpretado de manera soberbia por la joven virtuosa cuyo dominio no sólo de los aspectos técnicos, sino de los aires andaluces, dejan de manifiesto que España ha sido su segundo hogar.

Asimismo, su enorme calidad artística justifica, de manera intrínseca, la importante cantidad de premios y reconocimientos que ha recibido durante su trayectoria. La segunda parte del programa culminó con una obra muy significativa del repertorio sinfónico del romanticismo musical europeo: la Sinfonía No. 1 en do menor Op. 68 de Johannes Brahms (1822-1890) estructurada en cuatro movimientos como era habitual en su época, en los cuales se encierra una densidad temática excepcionalmente orquestada, como es característico en las obras sinfónicas de este compositor y que, al mismo tiempo, permiten apreciar la solidez y oficio artístico de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Así, con un programa y elenco de gala se iniciaron a las jornadas estelares de la vigésimo octava edición del Festival de Música de Morelia.

Vía FMM.mx

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