¿Realmente necesitamos cerrar los zoológicos? Sobre la crueldad y el maltrato animal en América Latina

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Por Fermando Pino

Unos días atrás, revolviendo algunas cosas en el cajón de recuerdos de mamá, encontré el viejo dibujo que vemos arriba. Lo hice yo mismo, cuando tenía apenas 6 años de edad.

Mamá me contó que, según pudo hacer memoria, lo había dibujado aquella vez que fuimos al Zoológico de Villa Dolores de Montevideo, Uruguay, por primera vez.

El mensaje que en él subyace es tan sincero como desgarrador.

Tras observar en detalle algunas de sus características, la simple concatenación de estos aleatorios sucesos —más bien anecdóticos— resultó en un efusivo torrente de constantes interrogantes y sentimientos encontrados que exponencialmente fueron llamándome a la escritura de esta publicación.

Pero tampoco es necesario remontarse a 1997, mi mundano hallazgo coincide con dos recientes acontecimientos que cuadraron todo como para tomarse el momento necesario y sentarse a pensar: el sacrificio de los leones del Zoológico Nacional de Chile y el aún más reciente sacrificio del gorila del Jardín botánico y zoo de Cincinnati, Ohio.

No recuerdo cuánto habrá pasado desde la última vez que visité un zoológico, ¿pero seguirán como entonces? ¿Para qué? ¿De qué sirve, a la fecha, tener un zoológico?

Después de revisar algunas fuentes y escritos sobre estos establecimientos como institución y su lugar en América Latina, el maltrato animal y sus problemáticas, he aquí algunas aproximaciones.

Técnicamente, ¿qué es un zoológico? Sobre la existencia e historia de los zoológicos como fenómeno humano

León en zoológico

GIORGIO FOCHESATO / ISTOCK

Según la Encyclopædia Britannica, un jardín o parque zoológico —como también se le suele llamar a estos establecimientos— es aquél lugar en el que se exhiben animales salvajes y domesticados en cautiverio. Allí, los animales pueden recibir un cuidado más exhaustivo que el que se les puede otorgar, por ejemplo, en reservas naturales o santuarios de animales.

Comúnmente, los zoológicos albergan variadas colecciones de animales, aunque algunos se especializan en una familia, grupo o especie en particular. Un claro ejemplo es el de los acuarios, básicamente, zoológicos de animales marinos.

En el Manual de prácticas de animales de Zoológico del profesor Luis Fernando Cisneros, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (México) se habla del zoológico como: «(…) el recinto en el que se mantiene una reserva de animales vivos con fines educativos y de conservación para deleite del público», en donde los servicios de esparcimiento, orientación e información que se ofrecen, así como la calidad de vida de los animales que viven en cautiverio, son objeto de estudio importante por el interés de brindar a los visitantes recreación, diversión y una cultura de protección a la fauna y flora silvestre».

Además, el profesor Cisneros explica allí que como entidad o fenómeno, el parque zoológico «no es en sí una creación de nuestros tiempos, sino de miles de años. Esta sería la razón por la que el desarrollo de las colecciones de animales se divide en tres etapas: Edad de cultos, Edad profana y Edad científica».

León tallado en geroglíficos de los templos de Karnak, Egipto

HANODED / ISTOCK

León tallado en geroglíficos de los templos de Karnak, Egipto.

En perspectiva histórica, no se sabe con exactitud cuándo surgieron los zoológicos, aunque uno puede encontrar menciones que refieren a la agrupación y colección de animales como una práctica que podría rastrearse incluso a las grandes y antiguas civilizaciones china y egipcia.

Asimismo, en el capítulo «India» de The britannica quizmaster se señala que el establecimiento de los primeros zoológicos de la historia puede asociarse a los más tempranos intentos de domesticación animal, en donde podemos señalar el entrenamiento y cautiverio de palomas del 4500 antes de la Era Común en las regiones de lo que hoy es Irak, así como también el adiestramiento de elefantes que tuvo lugar en la India unos 2000 años más tarde, en el 500 a. E. C.

En el sexto volumen de Explorers and exploration, también se hace referencia a dos históricos parques en particular: la gran «casa de los ciervos» de mármol de la emperatriz china Tanki (1150 a. E. C.) y el de Wen Wang (quien reinó en el 1000 a. E. C.), estableciendo un zoológico de 1500 acres de extensión —unas 607 hectáreas— que llamó el «Ling-Yu» o «Jardín de inteligencia».

Los primeros zoológicos de la historia que hemos mencionado, en esencia, coleccionaban animales en cautiverio para espectáculos públicos (tal es el caso de los chinos y egipcios), relegando el estudio y entendimiento de las fieras a un segundo plano.

El cambio radical se da en la antigua Grecia, donde la generación aristotélica, ávida del conocimiento, priorizó el estudio y la experimentación con animales. Los romanos, por su parte, coleccionaron animales fundamentalmente para el combate en la arena y otros espectáculos públicos.

Tiergarten Schönbrunn, Zoológico del Palacio de Schönbrunn de Viena en 1904.

Tras la caída del imperio romano, las colecciones de animales fueron en declive y en los siglos que sucedieron, las capitales europeas excluyeron las colecciones a la ostentación de la realeza en jardines y palacios. Más que interesante resulta un hecho que llamó mucho la atención del conquistador español Hernán Cortés al llegar al «nuevo mundo», cuando en el 1519 conoció una inmensa colección de aves rapaces, reptiles y mamíferos al cuidado de más de 300 hombres. Se estima que la finalidad de esta colección era, entre otras, la ritualística.

Durante la Ilustración, la fundación de la casa de fieras del Palacio de Schönbrunn de Viena, en 1752, suele considerarse como el surgimiento del zoológico moderno. Para mediados del siglo XIX, se construían zoológicos alrededor de todo el mundo y al menos 40 de los más significativos de toda Europa, hoy tienen más de 100 años de antigüedad.

Actualmente, no existe consenso respecto a cuántos zoológicos existen en el mundo, pero se estima que supera ampliamente los 1000.

A comienzos del siglo XX, algunos zoológicos incluso contaban con exposiciones humanas. Esta fotografía data de 1906 y muestra a Ota Benga, congoleño expuesto en 1904 en la Exposición Universal de St. Louis y posteriormente exhibido en el Zoológico del Bronx, Nueva York, junto con un orangután.

Digamos entonces que, a juzgar por estas fuentes, los zoológicos existen hace al menos 6516 años. Un dato para nada menor, pues la humanidad se ha empeñado constantemente en mantener estos establecimientos en pie, nada menos que durante seis milenios.

Es lógico pensar entonces que alguna utilidad deben tener, que los zoológicos algún fin han de cumplir. Pero no todos los zoológicos son iguales, existen distintos tipos de zoológicos.

Los tipos de zoológicos que existen

Oso polar en Zoológico del Parque Metropolitano de Santiago, Chile.

Según National Geographic, existen zoológicos de tipo urbano y suburbano, parques safari y «zoológicos infantiles de “animales acariciables”» (petting zoos).

Zoológicos urbanos y suburbanos

Los zoológicos urbanos y suburbanos son aquellos que se encuentran en las grandes ciudades, remanentes históricos que, como vimos, se popularizaron dos siglos atrás y que enfrentan las mayores contrariedades: tienen un tamaño muy pequeño e ínfimas posibilidades de expansión, relegando a los animales a recintos de dimensiones inadecuadas, la exposición a la contaminación característica de las grandes urbes e incluso a condiciones de hacinamiento, en los peores casos.

Zoológicos parque safari

Por otro lado, los parques safari o «parques de vida salvaje» tienen una extensión mayor y se caracterizan por amplias áreas en las que los animales pueden estar en movimiento. Aquí el público realiza recorridos guiados en vehículo a través de una serie de caminos especialmente diseñados para tal fin. Solo hay 4 zoológicos de este tipo en la región: Africam Safari en Puebla y Zoofari en Morelos, México; Auto Safari Chapin en Escuintla, Guatemala; y Safari Park Rancagua en Rancagua, Chile.

Zoológicos infantiles

Finalmente están los llamados petting zoos, algo así como «zoológicos infantiles de “animales acariciables”». Suelen ser un sector que forma parte de los zoológicos tradicionales y guardan una combinación de animales domesticados y especies silvestres, de carácter dócil, para que los niños puedan estar en contacto con cada ejemplar, acariciarlos, alimentarlos, aprender de ellos y respetarlos.

¿Para qué existen los zoológicos y cuál es su finalidad?

Zoológico de São Paulo, considerado uno de los más importantes de América Latina.

En los más de 1000 parques zoológicos que existen en el mundo y que efectivamente están bajo la tutela de sociedades científicas, hoy, el objetivo fundamental es el del estudio de las especies animales ajenas a la nuestra. El modelo de zoológico moderno lo heredamos de la Ilustración que, como referíamos, se enmarca en el enfoque cientificista, lógico y racional que a todo se extiende durante el siglo XVIII, incluyendo la zoología.

Durante el siglo XIX, el énfasis de las investigaciones científicas de los zoológicosestuvo sobre todo en la taxonomía, anatomía comparada y la patología. Estos trabajos dieron lugar a nuevas y más complejas preocupaciones, tales como la patología comparativa, el estudio del comportamiento animal y la fisiología comparada.

Cada disciplina y nueva rama del estudio del reino animal ha dado numerosos hallazgos y conocimientos que han permitido, entre tantas otras cosas, la conservación y el avance médico en relación con los animales no humanos alrededor del mundo. De hecho, desde los zoológicos, un inmenso corpus teórico se ha publicado en forma constante y sostenida desde hace más de 200 años.

Mundo Marino, Argentina, considerado otro de los parques zoológicos (de animales marinos) más importantes de la región.

Actualmente, dicho modelo suma el sentido de la conciencia y responsabilidad de la educación en pos de la conservación y el desarrollo de las especies. En los últimos 50 años, en diferentes zoológicos del mundo, literalmente se ha logrado salvar a numerosas especies al borde de la extinción.

Aún así, pese a todos los esfuerzos, el propósito del entretenimiento continúa siendo el más visible y rentable.

La gente sigue acudiendo al zoológico buscando diversión. Especialmente en nuestra región, América Latina.

El caso latinoamericano: ¿cuántos zoológicos existen en América Latina?

De acuerdo a las cifras publicadas por la Fundación ILAM, organización no-gubernamental, sin fines de lucro, establecida bajo la legislación costarricense y de vocación latinoamericana, en América Latina existen 186 zoológicos y acuarios.

La mayoría de los zoológicos latinoamericanos son de tipo urbano y suburbano, razón por la cual existe una gran preocupación por el estado y cuidado de los especímenes allí contenidos.

En este sentido, múltiples grupos de activistas y defensores de los derechos animales se esfuerzan por señalar los problemas de los zoológicos de la región buscando el cierre definitivo de estas instituciones y el cese de la crueldad y el maltrato animal.

¿Pero qué entendemos por crueldad y maltrato animal?

¿Qué es el maltrato animal en realidad?

Oso panda en Zoológico de  Chapultepec, México.

Todos y cada uno de nosotros sabemos cuándo estamos frente al maltrato animal. Sin embargo, existen diferentes tipos de maltrato o crueldad hacia los animales, lo que nos lleva a preguntarnos ¿qué es el maltrato animal realmente?

Bueno, en este sentido, cabe destacar que por mucho que he buscado en fuentes como PETA o Greenpeace, las dos organizaciones más populares del mundo en relación con la defensa de los derechos de los animales no humanos, me fue extremadamente difícil dar con una definición o al menos una descripción fundamentada de lo que es la crueldad animal técnicamente.

Los portales de ambos sitios apuestan a la acción, con múltiples signos de exclamación que llaman y promueven el accionar… dejando a la teoría, información y reflexión fuera de la cuestión. Casi como si pensar no fuera una forma de actuar. El gran problema de nuestra generación.

Para esta publicación, consideraremos la definición del portal de investigadores Ontario SPCA que, como en otras tantas definiciones, clasifica la crueldad animal en dos grandes categorías: negligencia y crueldad intencional.

La negligencia es el maltrato que se le da a los animales al no satisfacer sus necesidades básicas, como facilitarles agua, alimento, un hábitat adecuado y la atención necesaria para su bienestar. Ejemplos de negligencia o abandonopueden constatarse cuando el animal tiene hambre, está deshidratado, tiene parásitos o carece de la atención veterinaria necesaria, entre otras cosas.

La negligencia es producto de la ignorancia. Es muy probable que a pocos metros de ti, en este preciso momento, algún animal esté sufriendo de negligencia.

Lobo en Parque Zoológico de São Paulo, considerado uno de los mejores zoológicos de América Latina.

Por otro lado, igualmente repudiable, la crueldad intencional es aquella que involucra el daño físico y deliberado hacia los animales. Los casos de crueldad animal intencional extrema, lamentablemente, no son pocos ni excepcionales. Todos los días, alrededor del mundo, miles de animales mueren ahorcados, producto de golpes, puñaladas, disparos e incluso quemados.

Muchos son también los casos en los que los animales mueren en riñas, carreras, rodeos, apuestas, partos (cuando se los cría con la finalidad de dar a luz) y sobre todo en el comercio. A ciencia cierta, es imposible saber cuántos animales mueren cada día, directa o indirectamente, como resultado del sistema económico que domina el mundo desde el siglo XVI, en la industria y como consecuencia de la destrucción de sus hábitats.

Otras definiciones describen la crueldad hacia los animales como una serie de comportamientos dirigidos hacia los animales no humanos en los que se les provoca dolor innecesario o estrés en forma directa e indirecta. La primera enmarca los dos tipos de maltrato de los que hemos hecho mención (negligencia o abandono y crueldad intencional), mientras que la segunda consta de la coparticipación de la primera, es decir, cuando las personas son testigos o partícipes secundarios de alguna forma de negligencia y crueldad intencional sin tomar ninguna acción (prevenir, detener o denunciar esos maltratos).

¿Hay maltrato animal en los zoológicos latinoamericanos?

Oso pardo en Jardin Zoológico Washington Rodriguez Piquinela, Durazno, Uruguay.

Contestar esta pregunta quedará en manos de cada lector. Sabiendo ahora técnicamente qué es el maltrato y la crueldad animal y qué finalidades han de cumplir los zoológicos, resta apelar a nuestra actitud crítica y reflexiva para preguntarnos, desde cada localidad del continente, si efectivamente hay maltrato animal en los zoológicos de nuestra región.

Intentando ir de lo local a lo universal, sin dudas, en los zoológicos de Uruguay (desde donde parte esta publicación) no solo existe y se perpetúa el maltrato y la crueldad animal, sino que también se incumplen los cometidos que determinan la finalidad de tales instituciones.

La producción de conocimiento es nula, mientras que el sentido de la conciencia y responsabilidad de la educación en pos de la conservación y el desarrollo de las especies queda relegado a los santuarios y las reservas naturales, lejos de los zoológicos.

«Zooilógico del futuro», en Flores, Uruguay. Escultura del artista Martin Arregui que procura enseñarnos cómo serán los zoológicos del futuro gracias al «progreso» del ser humano.

¿Entonces deberíamos cerrar los zoológicos? Algunas aproximaciones a modo de reflexión

Recapitulando algunos conceptos y sintetizando algunas de las ideas a las que hemos podido llegar, procuremos aproximarnos a una respuesta.

El maltrato como forma de entretenimiento y producción de capital

La explotación de los animales, venida en un mecanismo de producción, es uno de los tantos pilares que sostiene al capitalismo, donde animales no humanos son explotados por el animal humano para satisfacer una constante e indeterminada demanda de productos gastronómicos, textiles, cosméticos y, entre otros, de entretenimiento, como es el caso de los zoológicos.

Lobo en Zoológico de Morelia, México.

Frente al espejo de los zoológicos, reflejos de hipocresía

Existe amplia evidencia científica de que el maltrato animal es uno de los tres componentes de la tríada psicopática. El maltrato y la crueldad hacia animales no humanos es la antesala de la violencia social, del crimen y múltiples formas de violencia interpersonal.

La existencia de los zoológicos, ¿no es entonces la hipócrita institucionalización de la violencia? ¿Qué busca la gente al visitar un zoológico? ¿Estas instituciones no fomentan acaso una relación de poder fundada en la violencia, el abuso y la explotación?

Hoy los zoológicos son, en esencia, el reflejo hipócrita de una lógica violenta, idiota e iterada.

No es más que la lógica del capital.

Manifestación por el cierre del zoológico Villa Dolores y la defensa de los derechos de los animales en Montevideo, Uruguay.

Una cuestión de prioridades

¿Entonces realmente deberíamos cerrar los zoológicos de América Latina? Sí, por supuesto que sí. Necesitamos cerrar los zoológicos, al menos en Latinoamérica y al público, en pos de que el único fin que motive la existencia de estas instituciones realmente sea beneficiar a los animales, producir conocimiento y fomentar la conciencia por el valor de las especies.

No obstante, la misma lógica a la que hemos referido, no aplica solo a los zoológicos. América Latina enfrenta problemáticas que siguen esa misma lógica en los más diversos ámbitos y lo que ocurre en los zoológicos con los animales guarda abominables paralelismos con lo que ocurre en muchas otras instituciones, espacios públicos y privados.

Sí, es necesario cerrar los zoológicos, pero si nuestro argumento para querer hacerlo es el de terminar con la lógica del abuso y la cosificación de la vida vuelta producto y lanzada al comercio, quizá necesitaríamos dejar de ser tan hipócritas, quitarnos el velo que invisibiliza las tantas otras formas de abuso que esa lógica guarda para todos los animales, humanos o no, y establecer algunas prioridades.

Si queremos hablar de maltrato animal, de negligencia y de formas secundarias o indirectas de crueldad coparticipativa, a fin de cuentas… todos somos animales maltratados, maltratando otros animales.

Fuente: Batanga

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